Y ahí estaba yo, aceptando un
caso para defender en la corte a mi próximo cliente, Francisco Morales. Este había sido un
famoso actor en su tiempo, pero ya no lo era. Debido
a su grave problema con el alcohol, decayó su carrera poco a poco, ya nadie lo
tomaba en serio. Yo estaba desesperada por tener un caso, tanto que aceptaba
cualquiera que viniera sin saber de qué se trataba. Resulta que no sabía en lo
que me había metido, mi cliente era acusado de matar
a un hombre inocente con un arma.
Al día siguiente de aceptar
este caso, me encontré con Francisco para que me relatara lo sucedido y para ver cómo hacer para ganar el caso. Esta fue la historia que me contó en su defensa:
“Era media noche y yo estaba
volviendo a mi casa, no había nadie en la calle, estabamos
solo yo y una niebla de película de terror. De repente
un hombre con una vestimenta muy extraña que no parecía de la época, salió de
una nave,
nunca antes vista en la historia humana, de la que salía humo y luces. Quede shockeado, no
entendía lo que estaba pasando, el hombre se acercó a mi rápidamente, vigilando
que nadie estuviera viendo la situación, y me dijo “¿Eres Francisco Morales?”
le respondí “Si, soy yo ¿Qué está pasando?” el hombre me respondió “Vengo del
año 2093, vine para que me ayudes a terminar con algo que en unos años va a ser
muy malo”. No sabía qué hacer, no sabía si era un chiste para la televisión o
si era en realidad verdad, decidí saber qué era lo que quería que hiciera y le
pregunte “¿A quién quieres que ayude y que es lo que tendría que hacer?”, el
hombre respondió “A todo el Sur de América tienes que ayudar, no puedo decir
mucho pero en unos años estará en peligro y ya va ser demasiado tarde para
poder solucionarlo. Debemos hacerlo hoy, en
exactamente dos horas con cuarenta y ocho minutos, debes ir al bar de la
esquina y esperar a que salga un señor llamado Juan Manuel Veltrade. Sin
dudarlo debes dispararle al momento en el que salga del bar.” Dijo el extraño
hombre del futuro. Yo no sabía qué hacer, parecía que era todo de verdad pero
le pedí igual pruebas para estar seguro que lo
que iba a hacer era lo correcto. El hombre entro a su nave y cuando volvió me
trajo una especie de cámara súper desarrollada mostrándome el futuro arruinado,
toda América del Sur destruida, negra y sin vida. Todo esto por culpa del señor
Juan Manuel Valtrade, quien en un par de años abriría su empresa de químicos
muy elaborados que terminaría destruyendo el Sur de
América por una falla de su experimento. Al contarme
toda la historia lo pensé y decidí hacerlo. Al pasar las dos horas con cuarenta
y ocho minutos esperé a Juan Manuel e hice lo que debía hacer.”
Cuando mi cliente me termino
de contar su historia, al principio pensé que era un chiste, pero al pasar los
minutos Francisco me seguía mirando con cara de seriedad. Empecé a pensar que
lo que me había contado podría ser verdad. Le dije a mi cliente que tenía que
irme a mi casa para procesar todo y que lo llamaría por la mañana.
Al instante que llegué a mi
casa me puse a investigar sobre viajes en el tiempo y si podían ser verdad. Muchos sitios en
internet decían que serían posible en muchos años, así que no sabía que pensar
de lo que me haya dicho mi cliente.
Me puse a evaluar las opciones que tenía: él podría haber
estado borracho esa noche y se imaginó todo lo sucedido, que era lo más
probable, o podría haber dicho la verdad pero me iba
a resultar imposible para pobrar los hechos.
Pensé toda la noche qué decisión tomar acerca del caso y nada se me
venía a la mente.
A la mañana siguiente me
reuní con Francisco en mi oficina, estuvimos discutiendo que sería lo que
podíamos hacer y decidimos ir al mismo lugar donde tuvo su encuentro con este
hombre misterioso del futuro. Nos encontrábamos ahí, exactamente en el mismo
lugar, estuvimos horas esperando, viendo si el hombre aparecía de nuevo. Se hizo medianoche, Francisco ya se había ido a su
casa hacía rato y mientras yo me levantaba de un banco de la calle, para irme a
mi casa también, apareció una nave que parecía del futuro. En el momento que la
vi me quedé impactada, primero porque todo lo que me había contado Francisco Morales era verdad, y segundo porque no podía creer
que estaba contemplando un viaje en el tiempo. Entonces vi a un hombre, con
vestimenta extraña, como dijo mi cliente, supuse que era la misma persona. En el momento estaba aterrada, así que decidí
esconderme donde no pudiera verme, el hombre parecía haberse
olvidado algo en su encuentro con Francisco Morales.
Parecía desesperado por encontrar aquello pero al
darse cuenta de que no estaba por
ninguna parte regresó a su nave.
En ese momento no pensé con claridad, así que me
arriesgue y me subí a la nave a escabullidas tratando de no ser vista. Al subirme parecía todo de otro mundo,
era todo muy desarrollado. Al arrancar la nave, salí
de donde estaba escondida para poder hablar con el hombre misterioso del
futuro. Le pregunté “¿Qué es esto?”, el hombre
se alteró, no tenía idea que yo había estado ahí todo el tiempo, me respondió “debes irte inmediatamente y no
puedes decirle a nadie lo que viste o alterara
todo el futuro.”. Yo quería que me explicara todo,
pero el hombre no me dio tiempo para nada, hizo que la nave aterrizara de nuevo
en el mismo lugar de antes, me obligó a bajar y a permanecer
callada. Después de bajar de la nave, fui directo a mi casa y no dormí por dos
días pensando en lo ocurrido.
Faltaban cinco días para ir a
la corte por el caso de mi cliente y no tenía ninguna mínima prueba que ayude a
Francisco Morales a declararse inocente. Era
prácticamente imposible, a mí me creerían loca y a él, borracho o algo peor.
Finalmente llego el día,
Francisco sabía lo que le esperaba, sabía que yo no había conseguido pruebas,
sabía que lo que había vivido era verdad y sabía que yo creía en él, pero no
fue suficiente.
A Francisco
Morales le dieron veinticinco años en la
cárcel.
Me quedé pensando todos estos largos veinticinco años en él y en la responsabilidad que yo cargaba: no conseguí
pruebas y un hombre inocente estaba en la
cárcel a pesar de haber salvado a muchas personas.
Fin.
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