lunes, 21 de noviembre de 2016

Alejandra Morel. "Lo que aprendí de ti´"

LO QUE APRENDI DE TI
Alejandra Morel

El primer día de clases luego del receso de invierno, comencé realmente entusiasmada y preparada para un gran cambio. Tenía como objetivo llegar a ser alguien que no esté enredada en puros pensamientos y que demuestre quien es, pero sin necesidad de llamar mucho la atención, por lo cual me senté en mi usual segundo pupitre, quería prestar atención, no me gustaba estar un paso detrás de los demás, y esperé a que un profesor entrase a darnos indicaciones. La no-tan-afortunada fue la señorita Giménes, una recién graduada pero estricta profesora nueva, quien, para facilitar el trabajo de aprenderse nuestros nombres nos hizo escribirlos en una hoja. Yo escribí mi nombre, Miriam Catalan, en una prolija letra cursiva, aunque hacer que aquella hoja quedase prolija era un intento absurdo, ya estaba completamente arrugada y mal tratada. Mientras resaltaba mi nombre leí el del nuevo estudiante que había comenzado a sentarse detrás mío, Pablo Salcedo. No había tenido la oportunidad de conocerlo realmente por mi gran timidez, pero parecía un chico confiado, inteligente y algo divertido, tal vez por su lugar de origen, Brasil. Sí, había puesto toda mi atención mientras se presentaba.

Una vez que la clase hubo terminado me giré para hablarle al muchacho porque ¿a quién no le gustaba sentirse bienvenido?




Pasado un mes de mi extraña decisión de cambiar, Pablo llegó a convertirse en una parte muy importante de mi vida, incluso lo llamaba "Pablito" de cariño. Juntos compartíamos pensamientos increíblemente profundos y largas charlas en el patio de su casa cuando sus padres no se encontraban allí. A su lado el cambio que yo tanto deseaba por fin se puedo concretar.

Una tarde Pablito quiso acompañarme hasta la puerta de mi casa, y yo, sin dudarlo, acepté. En aquel momento habría dicho que porque era una zona algo peligrosa, pero la verdad era y es, que quería que él me acompañase siempre. Cuando llegamos hubo un silencio incomodo, a él se lo notaba algo nervioso y yo no sabía por qué0. Solo íbamos a despedirnos, o al menos eso pensé ya que cuando habló no fue para decir "Adiós", sino para decir "Te amo". Y yo le respondí con las mismas dos palabras, aunque hasta ese entonces no sabía su significado realmente. Muchos hubiesen pensado que fue un acto muy poco romántico y demostrativo pero ¿qué más daba? No éramos los protagonistas de una comedia romántica, lo importante era que a nosotros nos pareciera perfecto. Y lo fue, por un tiempo.

Los primeros seis meses de relación fueron puro amor y pasión, pero todo comenzó a destruirse poco a poco. De un día para el otro, ese chico tan dulce y compasivo que conocía y amaba, se volvió frio y distante ¿Qué era lo que estaba pasando? Ya no concurría a clases, no llamaba y ni siquiera mandaba textos para que lo fuera a ver. Yo no era una persona muy orgullosa, pero no quería molestarlo si algo en su familia estaba pasando. Luego de unos días, que parecieron meses, la noticia del preceptor Sebastián concluyó con la duda. Pablo no iba a volver. Pero ¿por qué? ¿por qué no me lo contó el mismo de su boca? Aquella tarde me armé de valor y caminé decidida hasta tu casa.

Sus padres siempre fueron muy amables conmigo, me preguntaban como mi familia y yo nos encontrábamos pero, cuando abrieron la puerta de su casa, se encontraron callados y sorprendidos, muy exhaustos a decir verdad. Ellos claramente no esperaban mi llegada ya que rompiendo en llanto, diciendo que no era justo lo que estaba pasando. "¿Qué fue lo que ocurrió?" Fue lo primero que se me ocurrió preguntar. Ellos no respondieron, no podían debido al llanto, pero si pudieron invitarme a pasar. Esperé unos minutos sentada en el sofá hasta que la madre de mi novio llegó con un sobre color crema. "Para Miriam" decía. Le agradecí a la amable mujer y salí casi corriendo de su casa. Tenía un mal presentimiento.

Quise esperar hasta llegar a mi casa pero no pude, la duda me estaba comiendo viva. Me senté en las escaleras de un bar abandonado y tomé aire antes de sacar el papel del sobre.




"Miriam:

Se que esto no es justo, no sabes que es lo que está pasando. Pero aquí te explicaré

todo.

Miriam, si estas leyendo esto es porque ya estoy muerto, lo siento.

No estoy pidiendo perdón por haberme ido, sino por haberte dejado, quiero que sepas que eso nunca estuvo dentro de mis planes, tú nunca estuviste dentro de mis planes. Siempre supe que me iba a morir, y lo había aceptado, pero aquel día en el que giraste a hablarme pensé que podría vivir por cientos de años.

Fuiste el amor de mi corta vida, hiciste que estos últimos meses fueran más perfectos de lo que quiera se merece y perdóname por haberte mentido, pero quería aprovechar al máximo este ultimo tiempo contigo, y no podría haberlo contigo sintiendo lastima por mi.

Tú tienes una vida por delante, Miriam, aprovéchala, vuelve a enamorarte, pero, por favor no me olvides.

Con mi más profundo amor, desde un mejor lugar.

Pablo.

P.D.: Tranquila, nos volveremos a encontrar."





En mi mojado rostro apareció una sonrisa agridulce, se había ido, esa persona que me enseñó a sonreír y a llorar, a ser yo misma y a divertirme siéndolo ya no estaba. El me hizo cambiar para bien y por eso siempre será el amor de mi vida.

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