Alejandra Morel
El primer día de clases luego del receso de
invierno, comencé realmente entusiasmada y preparada para un gran cambio. Tenía
como objetivo llegar a ser alguien que no esté enredada en puros pensamientos y
que demuestre quien es, pero sin necesidad de llamar mucho la atención, por lo
cual me senté en mi usual segundo pupitre, quería prestar atención, no me
gustaba estar un paso detrás de los demás, y esperé a que un profesor entrase a
darnos indicaciones. La no-tan-afortunada fue la señorita Giménes, una recién
graduada pero estricta profesora nueva, quien, para facilitar el trabajo de
aprenderse nuestros nombres nos hizo escribirlos en una hoja. Yo escribí mi
nombre, Miriam Catalan, en una prolija letra cursiva, aunque hacer que aquella
hoja quedase prolija era un intento absurdo, ya estaba completamente arrugada y
mal tratada. Mientras resaltaba mi nombre leí el del nuevo estudiante que había
comenzado a sentarse detrás mío, Pablo Salcedo. No había tenido la oportunidad
de conocerlo realmente por mi gran timidez, pero parecía un chico confiado,
inteligente y algo divertido, tal vez por su lugar de origen, Brasil. Sí, había
puesto toda mi atención mientras se presentaba.
Una vez que la clase hubo terminado me giré para
hablarle al muchacho porque ¿a quién no le gustaba sentirse bienvenido?
Pasado un mes de mi extraña decisión de cambiar,
Pablo llegó a convertirse en una parte muy importante de mi vida, incluso lo
llamaba "Pablito" de cariño. Juntos compartíamos pensamientos
increíblemente profundos y largas charlas en el patio de su casa cuando sus
padres no se encontraban allí. A su lado el cambio que yo tanto deseaba por fin
se puedo concretar.
Una tarde Pablito quiso acompañarme hasta la puerta
de mi casa, y yo, sin dudarlo, acepté. En aquel momento habría dicho que porque
era una zona algo peligrosa, pero la verdad era y es, que quería que él me
acompañase siempre. Cuando llegamos hubo un silencio incomodo, a él se lo
notaba algo nervioso y yo no sabía por qué0. Solo íbamos a despedirnos, o al
menos eso pensé ya que cuando habló no fue para decir "Adiós", sino
para decir "Te amo". Y yo le respondí con las mismas dos palabras,
aunque hasta ese entonces no sabía su significado realmente. Muchos hubiesen
pensado que fue un acto muy poco romántico y demostrativo pero ¿qué más daba?
No éramos los protagonistas de una comedia romántica, lo importante era que a
nosotros nos pareciera perfecto. Y lo fue, por un tiempo.
Los primeros seis meses de relación fueron puro amor y pasión, pero todo
comenzó a destruirse poco a poco. De un día para el otro, ese chico tan dulce y
compasivo que conocía y amaba, se volvió frio y distante ¿Qué era lo que estaba
pasando? Ya no concurría a clases, no llamaba y ni siquiera mandaba textos para
que lo fuera a ver. Yo no era una persona muy orgullosa, pero no quería
molestarlo si algo en su familia estaba pasando. Luego de unos días, que
parecieron meses, la noticia del preceptor Sebastián concluyó con la duda.
Pablo no iba a volver. Pero ¿por qué? ¿por qué no me lo contó el mismo de su
boca? Aquella tarde me armé de valor y caminé decidida hasta tu casa.
Sus padres siempre fueron muy amables conmigo, me
preguntaban como mi familia y yo nos encontrábamos pero, cuando abrieron la
puerta de su casa, se encontraron callados y sorprendidos, muy exhaustos a
decir verdad. Ellos claramente no esperaban mi llegada ya que rompiendo en
llanto, diciendo que no era justo lo que estaba pasando. "¿Qué fue lo que
ocurrió?" Fue lo primero que se me ocurrió preguntar. Ellos no
respondieron, no podían debido al llanto, pero si pudieron invitarme a pasar.
Esperé unos minutos sentada en el sofá hasta que la madre de mi novio llegó con un sobre color crema. "Para
Miriam" decía. Le agradecí a la amable mujer y salí casi corriendo de
su casa. Tenía un mal presentimiento.
Quise esperar hasta llegar a mi casa pero no pude,
la duda me estaba comiendo viva. Me senté en las escaleras de un bar abandonado
y tomé aire antes de sacar el papel del sobre.
"Miriam:
Se que esto no es justo, no sabes que es lo que
está pasando. Pero aquí te explicaré
todo.
Miriam, si estas leyendo esto es porque ya estoy
muerto, lo siento.
No estoy pidiendo perdón por
haberme ido, sino por haberte dejado, quiero que sepas que eso nunca estuvo
dentro de mis planes, tú nunca estuviste dentro de mis planes. Siempre supe que
me iba a morir, y lo había aceptado, pero aquel día en el que giraste a
hablarme pensé que podría vivir por cientos de años.
Fuiste el
amor de mi corta vida, hiciste que estos últimos meses fueran más perfectos de
lo que quiera se merece y perdóname por haberte mentido, pero quería aprovechar
al máximo este ultimo tiempo contigo, y no podría haberlo contigo sintiendo
lastima por mi.
Tú tienes
una vida por delante, Miriam, aprovéchala, vuelve a enamorarte, pero, por favor
no me olvides.
Con mi más profundo amor, desde un mejor lugar.
Pablo.
P.D.: Tranquila, nos volveremos a encontrar."
En mi
mojado rostro apareció una sonrisa agridulce, se había ido, esa persona que me
enseñó a sonreír y a llorar, a ser yo misma y a divertirme siéndolo ya no
estaba. El me hizo cambiar para bien y por eso siempre será el amor de mi vida.
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