Azula
En un pueblo pequeño en las afueras de
Londres, donde la violencia, la diferencia y el egoísmo era algo natural en las
personas, nacía una pequeña a la que llamaron Azula.
Azula era una niña muy dulce, con rizos
dorados como el sol, sus ojos eran color café y poseían un brillo muy
particular que atraía la atención de todos.
Su familia era diferente a las demás ya que en
su casa reinaba la alegría, el amor, y la generosidad. La bella niña creció
rodeada de cariño y felicidad, pero de las puertas para afuera había un mundo
infeliz.
El tiempo fue pasando y Azula crecía, su forma
de ver las cosas ya no era la misma. Ella odiaba salir de su casa porque la
negatividad del pueblo la consumía.
Pasaban los años, los días y todo seguía
igual. Cansada de la oscuridad del pueblo tomó una decisión, ella no dejaría
que el pueblo la cambiara, quería ser ella el cambio. Decidida y confiada salió
en búsqueda de un nuevo mundo. Azula comenzó a observar casa por casa como
estaban compuestas las familias, a qué se dedicaban y trataba de averiguar cuál
era su sueño más profundo. No estaba segura de como poder ayudarlos pero sabía
que en algún momento las cosas mejorarían.
Un día después de un largo trabajo vio que en
una casa una mujer era golpeada por un hombre. La mujer se sentía humillada por
lo ocurrido, salió de la casa, rumbo a un bar donde se veía como la gente bebía
hasta olvidar su realidad. Con rapidez Azula tapó la puerta y le dijo a la
mujer “yo sé que tú no eres perfecta, pero nadie lo es, sólo quiero decirte que
mañana puede haber otro amanecer”. La niña le dejó el paso, muy confundida la
mujer la miró y no dijo nada, a punto de entrar al bar la mujer espera unos
minutos, entra en razón y se aleja deprisa.
Al otro día ve a un pobre hombre, viejo,
enfermo y débil. Ella se acercó a hablar con él y le dijo:
-
¿Usted tiene familia? Pregunta
Azula.
-
Claro que sí, pero creo que
olvidaron que aún sigo de pie y respirando. Respondió el viejo.
-
Ya no estás solo, yo estoy aquí
para lo que necesites, ahora soy tu compañía, tu amiga. Le respondió la niña.
Con una sonrisa en
el rostro y muy cansada se fue rumbo a su casa, donde la esperaba una comida
caliente y una estufa para calentarse. Asomándose por la ventana llama al
anciano invitándolo a pasar y compartir una hermosa cena con su familia, pero
muy avergonzado por su aspecto se va. Pero al día siguiente le da su
explicación sobre el rechazo y ella le dice que no tiene de que avergonzarse ya
que en su casa jamás será juzgado. Muy triste por la soledad del señor decide
contactar a su familia, gracias a la ayuda de muchos vecinos. Finalmente lo
logra. Una mañana, el viejo siente un golpe en su puerta, era su familia.
Conoció a sus nietos, saludo a sus hijos y compartieron un hermoso día juntos.
Otro día ve a un niño chiquito en la calle sin
padres, sin hogar, sin abrigo y decide buscar sin parar una familia que lo ame
y lo cuide. Encuentra una gran familia, lo estaban buscando por todos lados
pero no lo encontraban y ya rendidos creyeron que le había pasado algo al niño.
Su familia muy agradecida empieza a correr la voz de que una niña con un gran
corazón puede traer de nuevo la alegría a este pueblo.
Después de todo su esfuerzo comienza a ver un
cambio en el pueblo, no del todo, pero notable. Feliz de todo lo logrado la
niña se toma un descanso y se va al parque cuando de pronto se oye un ruido en
todo el pueblo, Azula había sido atropellada por un auto. Todos los vecinos
salieron a ayudarla, se comunicaban entre ellos, se entendían, se unieron para
salvarla. Llegaron al hospital, pero ya era tarde.
En el día de su funeral todo el pueblo fue a
despedirla. El ambiente estaba tranquilo, no se peleaban, todos se abrazaban y
recordaban los momentos vividos con ella. De repente algo raro comenzó a
suceder, de la espalda de Azula salieron dos bultos extraños y grandes. Nadie
entendía a qué se debía, parecían como de algodón, eran unas enormes alas. El
cuerpo de Azula subió alto y dijo mi misión a terminado. Y sin decir otra
palabra voló. Algunas personas dicen
haberlo soñado y otros dicen que subió a los cielos. Nadie sabe con exactitud
qué pasó ese día, pero nunca lo olvidarán.
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