MIS MEJORES AMIGOS
Estaba acostado en mi cama pensando en todo lo malo
que me hicieron, cada vez que me mintieron, cada vez que me defraudaron, cada
vez que me traicionaron y supe que la lista de cosas malas que me habían hecho
era infinita. Por ejemplo: me acorde de la vez que les pedí si podían ayudarme
con un par de tareas, porque yo estaba corto de tiempo (yo siempre los ayudé a
ellos cada vez que no podía) y todos ellos me dijeron que no podían, cada uno
tenía una razón diferente, y al día siguiente vi una foto de ellos en un
boliche, esa fue una de las tantas veces que dejaban en segundo plano los
“códigos” que tenemos los amigos. Hubo veces en las que tenía ganas de largarme
a llorar por todas las cosas que me hicieron y yo, como un tarado, los
considero mis mejores amigos, ¿ellos me verán a mí como un amigo? ¿O solo como
una herramienta para obtener beneficios y recompensas? Tal vez deba aceptar que
nunca fuimos nada.
Como todas las semanas tuve que ir a comprar la
comida al supermercado que quedaba a dos cuadras de mi casa y justo me lo
encontré a él, Gustavo, uno de mis “mejores amigos”, nos saludamos como de
costumbre y le pregunte “¿por qué no pudo ayudarme?” , cuando yo siempre estuve
para él. Se quedó callado, un par de segundos después me conto que estaba
invitado a una fiesta de unos compañeros del colegio anterior en el que estaban
y que fue planeada con varios meses de anticipación, también que les hubiera
gustado invitarme, pero era solo del antiguo colegio. La historia encajaba, no
me quisieron contar la verdad para que no me sintiera mal, en ese momento me
canse de todo, todo lo que me habían hecho, todos los malos momentos que pase
por su culpa y después de haberlo insultado me fui con mis bolsas a mi casa.
Paso una semana desde la confrontación en el supermercado
y me di cuenta de todo lo que perdí, perdí a mis amigos, perdí futuras
experiencias y momentos inolvidables, todo por culpa de mi estúpido rencor.
Nunca me acorde de los momentos buenos que pasé con ellos, solo me acorde de
los malos, y por primera vez me largué a llorar. Tocan el timbre de mi casa, yo
limpiándome la cara después de lo ocurrido bajo a la puerta y me encuentro con
ellos, mis mejores amigos que venían a disculparse por no haber estado ahí
cuando yo los necesité. Los abrazo y les pido perdón yo también, por no haberme
acordado de todas las cosas buenas que ellos hicieron por mí.
Si yo pude darme cuenta de que estaba cegado por el
rencor no sé porque personas por razones aún más estúpidas se dejan de hablar
con amigos y familiares por cuestiones menores.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario