“Mía” la perra
Marina y Rodrigo eran una pareja muy feliz, estaban
juntos hace muchos años y querían formar una familia. Ella no quedaba
embarazada por lo que decidieron ir a hacerse exámenes. Los doctores dijeron
que no era nada y que todo era cuestión de tiempo, que se quedaran tranquilos
que cuando fuera el momento, iba a llegar. Finalmente, un 5 de enero llegó una
pequeña a la familia, Sara. A pesar de que ambos padres eran muy sanos ella
tenía una particularidad, era ciega.
Durante sus años de jardín se integró muy bien, tenía
muchas amigas, pero al empezar la primaria, sus compañeros la hacían sentir “la
rara del grupo”, la dejaban mucho sola y dejaron de ser sus amigos. Sara no
quería que la tomen por débil, así que decidió quedarse. Además de ir a ese
colegio sus padres decidieron que iba a asistir por la tarde a una escuela
especial para ciegos donde encontraría chicos y chicas como ella. Las primeras
semanas tuvo miedo, no quería que le volvieran a hacer lo que le habían hecho,
así que pensó no hacer amigos. Un día una chica y un chico se acercaron a
hablarle, eran mellizos y ambos ciegos. Fue pasando el tiempo y se hicieron muy
amigos, compartían todas las tardes y se divertían mucho juntos.
Llego el día de la familia y fue a la escuela con sus
padres, al llegar ellos vieron que la mayoría de los niños tenían un lazarillo,
un perro guía adiestrado para guiar a los ciegos y como se acercaba su
cumpleaños pensaron que sería un muy buen regalo.
El 5 de enero cumplía 10 años, sus papás le hicieron una
fiesta con sus amigos y le dieron a su nueva perrita, Mía. Cuando comenzaron
las clases la empezó a llevar al colegio y sus amigos de antes comenzaron a
acercarse más a ella. Todos las querían y nunca más estuvo sola en un recreo.
Sara paso a secundaria y Mía la seguía acompañando.
Vivían toda clase de aventuras juntas. Estudiaban juntas, paseaban, dormían,
viajaban y jugaban. Fue una de las mejores cosas que le habían pasado, gracias
a Mía, Sara no se sintió más sola, tenía muchos amigos. Mía en la escuela
ayudaba a todos, fue como una profesora más, además de acompañar a Sara
acompañaba a todos los que veía solos para que no se sintieran como se había
sentido su dueña antes.
Años más tarde, Mía muere de vieja. Sara quiso honrarla e
hizo un libro en braille para contarle a los demás ciegos su historia: “…algunos
seguramente piensan que Mía fue una perra común y corriente como cualquier otro
perro, pero no, ella era alguien muy especial, no solo para mí, sino para todas
las personas que estuvieron cerca mío, ella sentía lo mismo que yo y también
podía intuir lo que los demás esperaban de nosotras. Me ayudó a poder moverme
sin mis padres y a acercarme a mis amigos. Fue un gran apoyo, no solo físico,
sino espiritual y afectivo .Nunca en toda mi vida podré olvidarme de ella. Le
estoy eternamente agradecida…” También quiso dar charlas en colegios acerca de los
ciegos para que no los discriminen.
Sara tuvo varios perros lazarillos en su vida pero como Mía
ninguno.
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