domingo, 20 de noviembre de 2016

Juan Cruz Mugica, "El mejor amigo"

Italia, siglo XX. Eran las 8 de la noche y Richard seguía en la casa de Samuel, su mejor amigo, pero a él no le importaba, ya que no iba a tener ningún problema para volver. A su madre menos, a pesar de que sabía que estaba a unas 15 cuadras de su casa. También que las calles estaban llenas de soldados y sargentos nazis atrapando a judíos. Y por último, al padre de Richard, era el que más tranquilo estaba, ya que era uno de los sargentos nazis más importantes en esa ciudad. Él ya había hablado con Richard y le había dicho que si alguien le decía algo por la calle, diga el nombre de su padre, y lo iban a dejar tranquilo.
Finalmente, a las 9 de la noche Richard decidió irse, se despidió de Samuel y de la familia de éste.
-No puede ser que todos los días te vayas tan tarde Richard, puede pasarte algo. (Dijo la mamá de Samuel)
-No te preocupes madre de Samuel, no me pasará nada, mi madre me deja volver a esta hora. Mañana vendré y les traeré más comida, hasta luego.
-Hasta luego y gracias Richard. (Dijeron Samuel y los papás casi al mismo tiempo)
Samuel y Richard se habían conocido en la plaza que está en frente de la casa de Samuel, pero como éste ya no podía salir de su casa, Richard lo visitaba constantemente. Mientras Richard estaba volviendo a su casa, estaba pensando qué iba a llevarles para comer a Samuel y la familia, sin que su madre se entere. Richard tenía dos grandes secretos guardados: uno era que le ocultaba a sus padres que su mejor amigo era judío. El otro era que le ocultaba a su mejor amigo que su padre era un sargento nazi. Dos secretos muy grandes y difícil de guardar para un chico de 11 años. Cuando llegó a su casa, saludó a su madre y comenzaron a comer. Ella le preguntó durante la cena si había tomado comida de la cocina (lo cual había hecho, y en una cantidad grande, para llevarla a la casa de Samuel), pero su respuesta fue un “No”. Su madre, en ese momento se enojó mucho, pero no con Richard, sino con la señora que limpiaba la casa. Richard  le decía que había sido un error, pero su madre no le hizo caso: Fue hacia el cuarto de la mucama y la despidió. Esa misma noche Richard se sintió muy mal y no pudo dormir.
Al día siguiente, ni bien Richard salió del colegio, fue corriendo a su casa a buscar comida, la agarró, y se fue directamente hacia lo de Samuel. Eran las 3 de la tarde, y Richard ya había llegado a la casa de Samuel. Él y su familia no tardaron más de 10 minutos en comerse todo lo que había traído Richard, que a partir de ese momento se fue al cuarto con Samuel a jugar. Se hicieron las 8 de la noche y, como todos los días, Richard saludo a todos y se fue para su casa.
En el momento en que llegó a su casa, lo estaba esperando su padre y su madre con la cena. Estaban enojados, y Richard ya sabía por qué. Su padre le preguntó “¿Richard, tomaste comida de la cocina?”, su respuesta fue un “sí” y les contó toda la verdad. A partir de ese momento su padre le prohibió volver a ver a Samuel, le dijo que después del colegio tenía que volver a su casa, y por último, le dijo que lo acompañara a su auto. Richard pensaba “¿A dónde iremos?”, mientras su padre conducía, pero finalmente, después de 15 cuadras frenó, en donde vivía Samuel. Su padre llamo a un soldado, que vino de inmediato, y sacó a Samuel y su familia de su casa. Mientras salían de la casa Richard estaba ahí, mirando todo, mientras ellos lo miraban a él, pensaban que lo habían traicionado. No era así. Richard lo sabía muy bien, y quería demostrarlo de alguna manera. En el viaje de vuelta le preguntó a su padre a donde iba el tren (en el cual los habían metido a Samuel y su familia) pero su padre no le contestó.
Al día siguiente, después de haber dormido, Richard fue al colegio, y en uno de los recreos, escribió una carta para sus padres y se la guardó en la mochila. Cuando llegó a su casa, tuvo las 3 horas más aburridas de su vida, no podía salir de su casa, hasta que, a las 6 y media, dejo la carta que había hecho debajo de su almohada y se escapó de su casa por la ventana de su cuarto. Hizo el mismo camino que hacia siempre, hasta que se frenó en la estación del tren, que era donde se llevaban a los judíos, quién sabe dónde. Cuando llegó el tren (a las 7 de la tarde) se metió en uno de los vagones del fondo, sin que nadie lo vea, y esperó. Nadie entró en ese vagón, que ni siquiera tenía ventanas, Richard tuvo que esperar casi 2 horas a que se detenga, cuando esto pasó, abrió la escotilla por la que había entrado y salió. El lugar era bastante feo, todos estaban vestidos con piyamas rayados, y apenas pudo ver algo más, un soldado lo llevó por la fuerza hacia una habitación, en donde se puso el piyama, después de esa habitación lo llevaron a otra en donde había otras 40 personas, todas dormían ahí. Bruno vio a Samuel con su padre y se acercó corriendo, les explicó todo, y ellos entendieron, pero se sorprendieron porque no podían creer que estaba haciendo allí. Samuel le explicó que era un campo de concentración y las cosas que hacían allí. Pero en ese momento no le importó y se fueron a dormir. Al día siguiente, los mayores se fueron de la habitación temprano, mientras que los menores, como Richard  y Samuel, se podían quedar un rato más sin trabajar. En ese rato Samuel le dijo a Richard que se tenía que ir, y que su familia iba a estar muy preocupada, pero Richard le contestó que o se iban los dos, o no se iba nadie, que se iban a quedar juntos hasta el final.
Por otra parte, el papa y la mama de Richard ya lo habían buscado por toda la ciudad, incluso pegaban papeles en la calle. Pero al revisar su cuarto encontraron la carta, en ella explicaba lo que los quería, y que se iba a rescatar a Samuel. El padre y la mama de Richard, agarraron el auto y se fueron en ese mismo momento, iban a tardar 3 horas en llegar aproximadamente.

Mientras tanto, en el campo de concentración, ya se hacía de noche, y estaban todos en la habitación, muertos de hambre, cuando de repente, entró un sargento y se los llevó a todos. Richard y Samuel festejaban porque pensaban que por fin iban a comer, pero al parecer no era así, llegaron a una habitación en la cual les pidieron que se sacaran la ropa, al parecer se iban a bañar. Entraron a una habitación hermética, Richard le preguntó a Samuel si lo perdonaba por hacer que los papas se enteraran de que eran judíos, pero Samuel le dijo que no tenía nada que perdonar, y que iba a estar agradecido para siempre con él, con su mejor amigo. Eso fue lo último que Richard escuchó de Samuel, toda la gente que estaba en esa habitación estaba muerta.

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