domingo, 20 de noviembre de 2016

Luna Piteo Baroni, "El Cocinero"

Amor por la cocina.

El cocinero

Una mañana me desperté, me cambié y bajé rápido las escaleras al sentir el aroma del café recién preparado que a mi esposa le encanta hacer todas las mañanas. Hacía poco que me había quedado sin empleo ya que nuestra empresa había acumulado muchas deudas, algo difícil de explicar,  y estaba desesperado por conseguir uno, pero ninguna oportunidad se presentaba. Mi esposa agarró el diario como siempre y se puso a leerlo hasta que encontró en un rincón de la página, que se necesitaba un asistente de cocina en un restaurante muy famoso de la ciudad. Emocionada, vino corriendo hasta el sillón donde estaba sentado con mi hijo más chico a contarme sobre lo que encontró. Salté del sillón e inmediatamente me puse a hacer mi currículo para ir a la entrevista a la mañana siguiente.
Eran las 8 de la mañana y yo ya estaba listo para partir hacia el restaurante y conseguir ese trabajo que tanto necesitaba, al llegar había unas tres personas más esperando pero mi confianza seguía intacta. Me hicieron pasar y sentarme en un escritorio donde el dueño estaba esperándome, tenía una barba larga pero bien arreglada y un traje negro con corbata roja, empezamos a conversar acerca de porque buscaba empleo y todas esas preguntas que te hacen en las entrevistas. Apenas terminó, estrechamos manos y dijo que iba a recibir una llamada en estos días, me fui contento y con aún más confianza.

A los pocos días me llamaron, era el dueño diciéndome que empezaba mañana y esa noche no podía dormir de lo emocionado que estaba. Al día siguiente me levanté, me cambié y me fui directo al restaurante para poder empezar a trabajar otra vez. Llegué y fui directo a la oficina del dueño, me dio mi uniforme, luego un tour por toda la cocina y me dejó bajo a cargo de un hombre que trabajaba ahí y tenía la experiencia suficiente para poder enseñarme. Trabajé todo el día sin parar un segundo hasta las 11 de la noche que es cuando cerraba, como era nuevo me tenía que quedar limpiando. Cuando era pequeño uno de mis hobbies favoritos era cocinar por lo que empecé a investigar la cocina, saqué ollas, sartenes, especias, condimentos y me puse a cocinar. Cuando terminé, dejé la comida en la heladera y me volví a casa entusiasmado. A la mañana siguiente, apenas entré se escuchaban gritos que parecían venir de la cocina, era el jefe pidiendo explicaciones de porqué faltaban condimentos y las ollas estaban todas sucias y que apenas supiese quién fue, lo despediría sin consideración. Me asuste tanto que no abrí la boca en todo el día, cuando  se fueron todos pensé dos veces antes de ponerme a cocinar, aunque lo hice igual. Mi abuelo heredó de su padre un restaurante muy concurrido en aquella época. Yo iba muy seguido a pasar tiempo con el cuando era pequeño, siempre me daba tours por la cocina en donde me llamó la atención la facilidad con la que hacían comidas increíblemente llamativas y deliciosas y le pedí si me podía enseñar. No dudó en decirme que sí y en cada tiempo que libre que él tenia, pasábamos horas en la cocina haciendo sus recetas más famosas. Cuando mi abuelo falleció, heredé ese restaurante y lo mantuve por cinco años hasta que lo vendimos para poder comprar mi casa. Fueron pasando los días y el jefe se enojaba más y más pero yo seguía sin hablar, hasta que un día me llamó a su oficina y enojado me dijo que en la cocina había cámaras de seguridad por lo tanto descubrieron que había sido yo. No dudó un segundo en despedirme pero mis compañeros empezaron a quejarse diciendo que era injusto, pero él los ignoraba. Cuando me estaba yendo me di cuenta que una multitud me seguía, eran mis compañeros, que al pensar que era injusto despedir a alguien por seguir su pasión por la cocina, habían renunciado todos. Les dije que no era necesario renunciar por mí ya que era un trabajo que ellos los apasionaba por igual, insistieron, pero decidí irme ya que el dolor que sentía era muy grande. El jefe se acercó hacia donde estábamos nosotros un poco confundido, cuando se puso a escuchar a mis compañeros, se dio cuenta que había despedido a un gran chef y comenzó a buscarme pero yo ya me había ido. Me llamó al otro día pidiéndome que vuelva que había cometido un error, a principio dudé, pero era un trabajo que me apasionaba, por lo que le conteste que iba a volver a su cocina. Me nombró Chef Superior y estaba a cargo de la cocina y de todos los empleados.

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