domingo, 20 de noviembre de 2016

Maximiliano Caforio, "El mago de Os"

“El Mago de Os” ©
Había una vez un muchacho de nombre desconocido que tenía ganas de tener una aventura, entonces comenzó a caminar por un sendero amarillo. Caminó y caminó hasta que se encontró con una bruja que vendía cosas al lado del camino. Entonces la vieja bruja le advirtió al muchacho que no siguiera por aquella ruta amarilla, que habían peligros tales como un oso, un hombre de hojalata y un espantapájaros. El muchacho no le dio mucha importancia a la bruja, la cual salió volando en su escoba, y siguió caminando por el camino de adoquines amarillos.
Al poco tiempo de lo sucedido, halló a un oso miedoso, el cual le dijo “Ayúdame por favor, soy muy cobarde” a lo cual el muchacho le replicó “No es mi problema”, seguido de movimientos rápidos para ahuyentar al oso. Luego se topó con un espantapájaros sin cerebro, que trató de decir “Necesito un cerebro, auxíliame” pero el muchacho no entendió nada, así que le tiro unas monedas por si estaba mendigando. El muchacho continuó su camino (de adoquines amarillos) hasta que se chocó con un hombre de hojalata sin corazón, que, luego de no pedirle disculpas por lastimarlo, manifestó “Necesito un corazón, cualquiera, ¡El tuyo!” y el muchacho lo apartó de un empujón seguido de un insulto.
El muchacho permanecía en el camino amarillo, caminando hacia adelante, no hacia atrás y siempre girando y girando hacia la libertad, cuando repentinamente la bruja apareció y gritó “no llegarás al mago” y le arrojó su caldero directamente al pecho. El muchacho cayó al suelo, pero se levantó inmediatamente, y arrancándose las vestiduras, mostró su chaleco anti-calderos (entre otras funciones). Instantáneamente apareció una horda de monos con alas que lo atacó, pero él huyó rápidamente.
Sin darse cuenta arribó a un palacio muy particular, estaba hecho de humo. Caminó por los pasillos hasta que encontró al mago de Os…valdo, que dijo que le concedería un deseo. El muchacho pensó y pensó hasta que decidió su deseo, respirando profundamente dijo “Mi deseo es… tener deseos ilimitados” y vivió feliz por siempre.


Maximiliano Caforio 

1 comentario:

  1. La utilización del interfecto como parodia es el motor de este humorístico relato... el delirio está severamente pensado y la burla es otro camino (quizás amarillo) que nos permite pensar...

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